viernes, febrero 26, 2010

De cerdos y primaveras

Por un mundo gris iba caminando un chico, no era un nene, tampoco un adulto, simplemente un chico. A su paso iba dejando una senda de flores, de variedades infinitas de colores y aromas, iba por grises asfaltos y ruidosos caminos. Su nombre era Luciano, y mientras su sonrisa llenaba su mundo de alegrías, y las flores seguían replicándose a su paso, una noche oscura, casi sin luna, se cruzo con los cerdos.
Los cerdos eran unos animales extraños, azules y de malas costumbres. Se suponía que eran buenos y ayudaban a todos, incluso a aquellos dotados con la magia de llenar campos de colores y armonías hermosas. Pero los cerdos estaban mal aprendidos y resentidos, nadie nunca había entendido porque. Si se sabía que hacia años ya, los cerdos habían caído en la mala costumbre de odiar a aquellos que fueran diferentes a ellos, y rodeados de su inmundicia y porquería, los cerdos se llevaban a lugares secretos, oscuros y sucios a quienes llevaran la magia de la vida. Los encerraban y les hacían cosas malas, invocaban al cielo rayos eléctricos para que lastimaran por dentro a los encerrados, les pegaban, les tiraban con todo su armamento de porquería encima, les decían cosas horribles y los acusaban de haber hecho males que muchos de ellos siquiera habían imaginado alguna vez.
Los cerdos los arrastraban hasta los nidos de aves de rapiña, que los ayudaban a tapar toda esa miseria con el agua de un río muy ancho. Y cuando llego el día en que se dieron cuenta que todos sabían de sus malos actos, quisieron taparlos mandando crías que apenas podían caminar o volar solitas a un lugar frío y lejano, para luchar contra animales más grandes y mejor preparados. Obviamente, las crías perdieron, algunas sus vidas, otras quedaron heridas, pero todas se olvidaron en las islas frías su inocencia.
Entonces los cerdos comenzaron a correr, y a gritar a cuatro vientos que ellos eran buenos y querían el bien, que la naturaleza estaba en guerra y ellos habían obrado por el bien de todos, encargándose de aquellos diferentes, hostiles, no merecedores de juicios, derechos, nada de lo mínimo que debe tener todo ser vivo.
Llegaron palomas viejitas a poblar las plazas, con pañuelos atados en sus cabezas, pidiendo saber donde estaban aquellos que los cerdos habían secuestrado, a esos que habían desaparecido.
Los cerdos callaron, también los tigres, cuervos, águilas, y demás animales participes de semejante desastre, que antes vanagloriaban como su deber. Y cuando otros, distintos, y las viejas palomas, y algunos búhos intelectuales, y jóvenes crías, exigieron que los cerdos fueran enjuiciados y hablaran, llego un mono con nuevas ideas, de puntos finales y obediencias debidas.
Los dinosaurios, aquellos animales inmorales, traidores y asesinos, los que guiaron al resto de los animales malos, fueron los únicos pocos que algo de consecuencia sufrieron, por robarse crías y no por ser autores de tantas otras atrocidades, dinosaurios encerrados en sus nidos de lujo, el resto siguieron tranquilos.
Así es como los cerdos siguen mal acostumbrados a poder hacer lo que quieran, y si bien ya no actúan con tanto descaro como antes, siguen persiguiendo a aquellos diferentes, más débiles, a los que llevan la primavera adentro, o que no quieren seguir en la misma jungla.
Así es como los cerdos repiten la historia y se masticaron las flores que Luciano iba dejando por la calle, siguiendo esos colores y aromas, devorando todo a su paso, hasta que lo encontraron, y lo devoraron a el también, llevándolo a un lugar oscuro, como a los que llevaban a otros antes, y ahí mismo es donde están todos los que los cerdos no quieren devolver, y creen que pueden seguir sin hablar, y seguir escondiéndose en la sombra.
Pero hay algo que los cerdos no saben, y es que muchas crías, y viejos animales, y las palomas de los pañuelos blancos, y los hijos de los animales que están en el lugar oscuro, y algunas pajarracas con ruleros, algún que otro búho intelectual, algunos pocos cuervos pensantes, ciertos animales parlamentarios y tanto más, no van a dejar que los cerdos sigan haciendo de las suyas.
Y van a buscar a los que están en el lugar oscuro, y a Luciano, y van a buscar la verdad y la justicia, hasta que los lugares oscuros solo tengan luz y los cerdos que caminan por la sombra tratando de devorar las flores, aprendan, de una vez y para siempre, que pueden cortar las flores, pero no detendrán la primavera, ni tampoco a aquellos que la llevan siempre palpitante en el corazón, llenando el mundo gris, de colores hermosos y aromas deliciosos, buscando un mundo mejor.

1 comentario:

Unknown dijo...

por un mundo mejor, se vive la vida con una sonrisa, la frente en alto, y la conciencia limpia de no tener un alma corrompida...

porque todo gira en en éste mundo, y tarde o temprano, por destrozar el medio ambiente, y querer el control total de todo; tendrán su merecido...

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Me parece que hay guanacos, o llamas, corderos, ovejas; que estaban guíados por sabios cóndores, y otras aves enormes que no son visibles ante los humanos mortales. En grupos originarios de revolución, por la libertad del pueblo; pero la piedra filosofal del trono aquel que gobierna a los pueblos, convierte en cerdos a todo aquel que la toca; entonces olvidan los sabios concejos de los cóndores, y como se convirtieron en cerdos, hicieron lo mismo... en nombre de la libertad y de dios; ahora son ellos los que traicionan y quieren tener el control total de las cosas...

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Me dijeron que yo podía ser ciudadano del cosmos... y ver los espirítus de la gente como lucecitas de colores maravillosos que bailan alrededor de una idea que quieres ser útil para todos...

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hola..

es bueno que sean cerdos azules imaginarios..

por que los cerditos, en sí, son animalitos muy nobles, y muy ricos..

:)