lunes, febrero 08, 2010

Alegato sobre la torta

Tengo que reconocer al mundo que fui yo.
Yo me robe la torta de la ventana de esa casa tan bonita con ese jardín tan verde y floreado, lleno de gatos y con una luna decorándolo.
Si, la luna se me apareció de día y me sirvió de guía junto a un gato gris rechoncho, que con sus ojos fijos en los míos me hablo palabras mudas, y me llevo a comerme esa torta.
Y que rica estaba!
No puedo explicarles el placer que me produjo semejante postre apetecible, con ese sabor entre dulce y salado característico de aquellas comidas hechas para el mismo Zeus.
Si esto no sirve de explicación suficiente para que entiendan porque sigo diciendo que no me arrepiento en lo más mínimo de mis actos y volvería a repetirlos, es porque, queridos compatriotas, no pueden comprender la magnitud de semejante plato. Único en su tipo, un tentempié al pecado más digno del infierno, simple y liso, si ustedes no comprenden, es porque nunca vuestro beneplácito paladar tuvo la dicha de experimentar una cosa semejante por ningún alimento o aspecto de la vida.
Se que fui advertida, pero que quiere que le diga, los astros me elevaron hasta aquella ventana, los rayos cósmicos propulsaron mi llegada a la ventana, me empujaron en ese remolino de energía invisible, mientras los gatos ronroneaban rítmicamente bajo la yema de mis dedos, y la torta terminaba de invadir en su totalidad cada uno de mis sentidos.
Porque visualmente nunca e visto una cosa semejante, mis fosas nasales jamás habían experimentado un apogeo de colores dulces como esos, y al tacto era tan suave como la piel después de sacar un yeso de varios meses. Mis oídos no pudieron impedir que la melodía de la torta llenara mi cerebro en tardes de historias contadas en susurros, y mis manos se encaminaron en interminables caricias golosas, hasta que por fin el desnivel del universo la llevo a mi boca, y disfrute del suave contacto de su superficie contra mis labios. Que cosa tan deliciosa! Elixir de los dioses, podría afirmar que fue hecha por las deidades si no fuera porque algo de tal placer y gracia solo el diablo podría haberlo gestado en su noche de sueños más lujuriosos.
Gula, he cometido.
Insisto, volvería a hacerlo, una y mil veces, la gula podría devorarme por dentro, pero seguiría haciendo, podrían arrancar cada uña de mi pie con agujas de cocer y seguiría haciéndolo, podrían enviarme a evacuar vacas estreñidas e igualmente lo haría una y otra vez.
No existe fuerza en el mundo capaz de impedirme realizar en mi mente una y otra vez la golosa ingesta de esa torta.
Magnifica, maravillosa, deliciosa, un pedazo de polvo de estrellas.
Como puedo explicarle lo que es alimentarse y sentirse completamente abstraído del todo, teniendo solo espacio en la mente para ese momento, esa torta, ríase si quiere señor juez, pero eso solo me da a saber que usted nunca vivió una experiencia como la mía, tristeza siento por usted, nunca gozaría de que alguien le faltara un momento como ese, una unión con toda la magia del universo, como ese.
Y si me han de matar que me maten, y si he de morir que sea feliz, porque esto que hoy he comido, no lo quita de mi interior nadie, y el goce que mis entrañas disfrutan jamás será comprendido por seres tan limitados. Pero sepan, que solo la muerte ha de llegar para mí realmente, el día en que se evapore en mi interior la magia de la torta.





Algun día de Enero de 2010

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