Ojos grises tornasolados en esa mañana se acercaron a mi estrepitosamente, pidiéndome, no, ordenándome que siguiera ese polvo brillante azulado.
Eran dos hermosos círculos negros los que delineaban los matices de mar atormentado, de centro hacia afuera. De la negra oscuridad interna a la blanca claridad externa. Una caverna... eso era... la oscuridad flotante en el mar, sostenida por esos vínculos misteriosos de la naturaleza... era una caverna, flotando en el mar tormentoso atormentado del silencio acercándose a la luz blanca de las arenas de la sabiduría. Y la sabana de mi reflejo palideciéndolo.
Se me vino encima. Me sofoco con su aliento, y el choque de sus ojos con los míos me hizo pestañear frenéticamente por las cosquillas de sus pestañas volcándose a sus mejillas.
Al abrirse espacio el oxigeno entre nosotros, levante mis parpados viendo mi cara estallar mezclándose en colores, con el reflejo dividido por las olas, y moteado por la refractación de los rayos del recién amanecido.
Y el mar gris se volvió polvo de estrellas, desbordándome en ese horizonte donde mar y cielo, forman uno.
19/XI/09
No hay comentarios:
Publicar un comentario