El viejo tocia y en su espalda se activaba una montaña rusa de mucosidades densas y verdosas, que recorrian con su viscosidad el interior de sus pulmones.
Tenia la piel arrugada, siempre con un color extraño cercano a la mugre acumulada de días, no le gustaba, o realmente no le importaba, mucho bañarse. Después se iba a volver a ensuciar.
Agradecia a la vida que tanto tiempo había tirado como para llegar aun vivo a tantos años, con la mente sana y el cuerpo mejor que el de muchos jovenes, y más aún que de tantos viejos que se habían cuidado de no hacer nada mal.
Nunca se había fijado de cuidarse, no le había importado, todos los atardeceres iba a la esquina se prendia un pucho y esperaba que llegaran los muchachos. Claro, si yo le digo que esperaba a los muchachos tal vez usted se imagine una serie de viejos arrugados, medio sucios y con mucosidades varias, pero el Viejo se juntaba con los pibes del barrio, a tomar una que otra birra y si salia un vinito mejor.
La cerveza era más de los jovenes, lo suyo siempre había sido el vino.
Le gustaba estar con los muchachos, eran buenos pibes, cada uno con su historieta y alguna que otra entrada en las cagadas de la vida, pero lo trataban como un igual, como un pibe más.
Sus huesos eran más fuertes que el de ninguno de ellos a la hora de ponerse a corear alguna vieja canción poguera, e iniciar ese baile violento y hermoso. Los pibes no se fijaban de tratarlo con cuidado, y se le cagaban de risa cuando el higado no le aguantaba más después de tantos años de alcohol y otras cosas.
Hablaban de la vida, de la buena música, de los viejos buenos tiempos de él, no es que los nuevos fueran malos, sino que los viejos siempre fueron buenos y los de ahora también, les contaba su vida, y hasta quien era la más puta de la junta.
Las minitas lo respetaban al viejo, y alguna que otra fasinada con su aguante y buena onda ante la vida, le regalaba alguna alegria, después de andarle atrás alzada durante unos cuantos días. Y el Viejo rendía, y como, no sabia si era que su espiritu seguia siendo joven y eso hacia que su cuerpo funcionara, el hecho de que en realidad le chupara tres huevos todo, o que las pendejas tenian tanto morbo y estaban todas tan perras que hacian cualquier cosa. Hasta le habían hecho fama, y los pibes se le ponian celoso. Hasta tuvo que bancar un planteo por moverse a la minita de otro, y el que carajo iba a saber si nadie le había dicho nada?
Encima el Viejo era vivo, si le venian con muchas boludeces de esas hacia gala de su edad y le pintaba un muy conveniente aleman.
Se iba a los recitales a la loma del culo, y muchos se le caban de risas, giles hay en todas partes, pero cuando lo veian poguear como en su plena juventud, el Viejo ganaba el respeto de todo el lugar, y alguna que otra cerveza gratis. (y las minitas claro, entregadisimas de rodillas en algun baño o rincon oscuro).
Le gustaba escupir sus mucosidades verdes en todos lados, tampoco podia hacer mucho más con ellas, y también le encontraba cierto placer extraño al quebrar.
El Viejo disfrutaba la vida como siempre, laburando poco como para poder mantenerse, dandose sus pequeños gustitos y el vino o fernet con la comida.
Vivia solo o con algun pibe que necesitara algun lugar donde tirar unos días, no había problema, además cada dos por tres las jodas se armaban en su casa, y con eso aportaba cosas.
Las paredes estaban todas escritas con aerosol y años, como el, se caia a pedazos la piel de pintura.
Un día vino uno de los pibes corriendo, el más chiquito y el que mejor le caia al viejo, venia corriendo con dos papeles en las manos y a grito limpio... Venia la Banda del Viejo, la que había amado toda su vida y que nunca penso que veria cara a cara, o no, porque el iba a los recitales a romperse todo y escuchar la música. De espaldas al escenario.
El Pibito se había jugado y le había comprado la entrada, sabia que el Viejo no iba a poder pagarla a menos que vendiera alguna de las pocas porquerias de valor que le quedaban, o sus discos... los discos.
Cuando la luna se comia la noche, el Viejo tocia y una montaña rusa de mocos verdosos se escurria viscosamente como una montaña rusa por sus pulmones, escupio tres veces y dejo grandes manchas infectosas en el cordon. Una señora mayor le paso por al lado y lo miro con desprecio y murmuro por lo bajo sobre los años y saber ubicarse.
El Viejo se cago de risa, se prendio un pucho y enfilo para la cola, todavia no había encontrado al Pibito, y ya queria entrar a ver las banditas soporte y poguearla un rato.
Cuando llego a la puerta el patovica lo miro con gracia, un mono de dos metros con sobredosis de gimnasio corte milico y más ego que músculos, lo miro de arriba abajo, haciendo incapie en las arrugas, la panza de alcohol y la remera con toda rota, sucia y aujereada de años de uso.
- Viene acompañar a su nieto abuelo?
- No me rompas las bolas pelotudo, aca tenes la entrada y dejame pasar, gil.
El patova lo miro entre sorprendido y molesto, pero le corto la entrada y no volvio a abrir la boca, viejo o no seguia siendo grande y tenia años de peleas callejeras, esas cosas se huelen.
Se tomo unos vinos y pego unas cosas con unos pibes, le dieron cerveza y una que otra seca, mientras veian la banda soporte.
Cuando la cosa se empezo a poner buena el Viejo enfilo para adelante y entre tachas, borsegos y pendejos se puso a patear cabezas.
Algo paso, cuando bailaba entre las piñas, y cayo al pizo, cuando lo vieron ya estaba todo roto y chocolateado, cuando el Pibito llego hasta ahí ya sus ojos dilatados se perdían en el techo, y con un par de huesos rotos, quedo ahí tirado, pogueando hasta el final. Y las pibitas del barrio lo lloraron, y los viejos amigos ahora abuelitos de cuentos para chicos también, hasta la vieja que siempre lo critico por viejo de mierda sucio y pendejo, porque no se habla mal de los muertos, los muchachos en la esquina lo lloraron con alcohol, y con el tiempo el Viejo fue historia de barrio, se hizo un mito del Viejo, con verdades y exageraciones, a tal punto que muchos de los que lo conocieron ya no se acuerdan bien que era y que no, pero el Viejo, siempre va a ser parte del barrio, tomandose un vino en la esquina y pogueando con los pibes.
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