En el silencio de la mañana atardecen sus parpados en la tierra de sus ojos.
Si los planetas fueran fugaces ese seria el nombre perfecto para sus ojos.
La brisa de su respiración le hacia cosquillas en la panza, y el peso dormido de sus brazos la atrapaba en círculos.
Le gustaba verlo dormir, se veía tan simple, y sus globos oculares danzaban en sueños bajo sus parpados.
Tenia ganas de besarlo, pero estar sentada le imponía moverse, y no quería despertarlo. Acerco sus dedos a la boca propia, les confió un beso para depositar en los labios de él.
Encantaba su textura suave y húmeda, que más quisiera ella que el don de la pintura, y copiarle a la naturaleza esa obra maestra.
Silencio. Y sus respiraciones rasgándola con la pasividad de lo inevitable.
El tiempo estaba suspendido porque los ojos de él se encontraban cerrados, y ella ágilmente engañaba las horas, minutos y segundos masturbándose la mente con la imagen del dormido.
Se le escapaba una sonrisa gozosa por momentos, y el corazón le hacia cosquillas en el pecho.
Silencio. Y un leve ronroneo del único testigo de aquello que esta pasando ahora [y no se repetirá], y la sonrisa de ella se multiplica.
Si en ese momento el preguntaran si era feliz, si existía algo hermoso en el mundo, ella sin duda respondería que era más allá de la felicidad lo que sentía, y que lo más hermoso del mundo dormía abrazado a ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario